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La Renga, con el corazón y espíritu Por Gonzalo Quispe Ante más de 20 mil personas, el grupo de Mataderos volvió a presentarse en vivo tras el incidente en La Plata, para dedicarle el show a Miguel “Keko” Ramírez. Entre la emoción y el desahogo, fue una verdadera fiesta de rock. La hospitalidad y amabilidad que ofrece la ciudad de Jesús María en la provincia de Córdoba resultó ser el lugar ideado por La Renga y su producción para volver a los escenarios. Ubicada a 60km de la ciudad capital y elegida por su posición geográfica, Jesús María está habituada ya a éstos woodstocks criollos, y recibe a sus huéspedes de turno con asombrosa generosidad. En un corredor de unas 6 cuadras se encontraban los micros, que arribaban a toda hora del día desde diversos puntos del país, las boleterías, el acampe rengo haciendo la previa y el acceso al show. Tan íntimo y sencillo resultaba todo, que por la mañana del sábado se lo podía encontrar al bajista de la banda, “Tete” Iglesias degustando un sándwich a modo de desayuno en el modesto bar de la Terminal. La escenografía de las tribunas era muestra irrefutable de lo federal que resultaba éste concierto: filas de trapos interminables llegados de todos los puntos del país: Tolosa, Beriso, City Bell, Mataderos, muchísimas del interior cordobés y el Norte argentino. La hermandad también se notaba en las camisetas de fútbol donde la rivalidad desaparece para unirse en un brindis. Un inmenso telón con engranajes pintados, que simulaba una gran máquina (metáfora utilizada luego por Chizzo para referirse a su público) fue la puesta en escena que se eligió para ésta presentación en vivo. Sin bandas soporte y pasadas las 21hs. esa enorme máquina se puso en marcha y La Renga a toda potencia salió una vez más a brindar su show con los temas que ya son clásicos en esta gira: Canibalismo galáctico y Atulado. Una mezcla de desahogo y emoción embargó a todo el Anfiteatro. Una vez desatada esta descarga de rock, Chizzo Nápoli se permitió una parada para hacer una reflexión y un pedido junto a sus compañeros Manuel Varela y los hermanos Tanque y Tete Iglesias ubicados a su lado. “Para nosotros es un golpe muy duro, po que éste es un espacio que hemos construido durante muchos años. Todos los que estamos acá, tanto abajo, arriba del escenario, en cada puesto de trabajo no es un número ni un ticket cortado, son cada uno de ustedes una célula, un engranaje que construye este sitio único, casi imposible de conseguir en éstos tiempos que corren. Sin más sponsor que el corazón y el espíritu, por eso es un lugar que debemos cuidar y más que nada cuidarnos entre nosotros. Lo que le ocurrió a Keko fue un lamentable ejemplo que no tiene que ocurrir nunca más.”, fueron sus sentidas palabras del guitarrista y cantante, quien además agradeció a los amigos y a Fernanda la mujer de Miguel para dedicar “todos los temas que suenen en éste concierto, a su memoria”. Acto seguido El twist del Pibe le dio un sacudón necesario para que las penas le den paso a la alegría de una fiesta que comenzaba. Unas líneas aparte merece la edición de las pantallas en vivo que mostraban fotos de Keko con su familia, amigos y el escudo de San Miguel, su otra gran pasión. Pura emotividad y baile catártico que se prolongaría por casi dos horas más. Christian Iglesias, fotógrafo que viajó desde Santiago de Chile, entre el asombro de semejante escenografía y la precisión de su lente, trataba de captar las mejores imágenes en los dos temas que le tocan: “fue una travesía llegar a Jesús María...”. Algunas de ésas fotos quedarán inmortalizadas en ésta nota. Una pequeña pausa, y Almohada de piedra fue invitada a sonar en el escenario Atahualpa Yupanqui del Anfiteatro y las canciones empezaron a sonar mezclando las de Algún Rayo con los clásicos “de siempre”: A la carga mi rockanroll, El terco, La furia de la bestia rock, Inventa un mañana. Una maquinaria infernal que sonaba a todo volumen y no estaba dispuesta a terminar el viaje sin llegar a destino. Nápoli no se despegaba de su Firebird y hacía sonar más hits: En los brazos del sol, Tripa y corazón, Montaña roja, Al que he sangrado, repasando temas de todas las épocas. La Renga parece dar marcha atrás para tomar más impulso: El juicio del ganso, trae al anfiteatro de la doma, miles de imágenes de comienzo a fin, con su letra que refleja casi a la perfección el sentir de la gente que los viene a ver: “De tanto andar por la cornisa tal vez un día pueda caer. De tanto confiarme de mi suerte y mis conquistas, en la percha de un bar terminé después...” fue un solo grito en la miles de almas presentes. La modorra se sacudía, Chizzo se mostraba eufórico, Tete corría por todo el escenario incansablemente, Tanque era un repiqueteo sensacional desde su doble bombo y Manu llevaba la batuta al momento de darle el sonido a los vientos tan característicos de la banda. El público se mostró feliz con más canciones de vieja sintonía: El viento que todo empuja, Veneno, Motoralmaisangre y Lo frágil de la locura. El viaje trasladaba a ésta máquina en sus últimas estaciones: el sentimiento, la emoción y los recuerdos siempre presentes entre tanto rock. Con Panic Show y La razón que te demora, La Renga se despidió del escenario un momento antes de regresar con los bises. Unos minutos de descanso para reponer energía y Tete volvió al escenario con una camiseta con la foto de “Keko” Ramírez y la banda hizo sonar las últimas canciones entre la distorsión y el sentir: Oscuro diamante, El final es en donde partí y Hablando de la libertad. Entre lágrimas y abrazos, Tete dio las últimas palabras desde el escenario: “La Renga somos todos”. Sencillo pero a la vez contundente. El destino final era cumplir con ése reencuentro y sellar con su gente que no hay fuego de artificio que pueda opacar el sentimiento de conexión entre La Renga y Los mismos de siempre. Atrás quedaron rumores de disolución y Algún Rayo los encontrará el próximo 12 de Noviembre en Montevideo, Uruguay y también en el 26 del corriente en Resistencia, Chaco. Era hora de volver a casa temprano, y reencontrarse en familia a brindar por las fiestas que vendrán y los caminos que todavía quedan por recorrer. |