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Clarín Espectáculos Desde temprano Rosario se fue llenando de bandas seguidoras de La Renga, autodenominados “Los Mismos de Siempre”. Asistieron unas 24 mil personas, que viajaron en tren, micros (de línea o contratados) desde diversos puntos de la Argentina. Un movimiento de peregrinos que sólo puede compararse, por sentimiento, no por magnitud, con lo generado por los Redondos en su tiempo y, ahora, por el Indio. Para la vigilia, uno de los principales focos de concentración fue el Alto Rosario, con un estacionamiento de cuatro pisos, más que suficiente para recibir a los rengueros, que con bombos, platillos y trapos (y mucho fernet) animaban la previa al show. Esta misma escena se repetía en el Parque Alem, en frente del Camping Municipal donde sería el recital y donde cada fanático demostraba su agilidad esquivando los charcos que dejó la intermitente llovizna que duró toda la jornada. El colmo, en una escena que parecía guionada: una fan en muletas con el pie enyesado que afirmaba “estoy completa: bailo en una pata y esquivo charcos”. El recital estaba anunciado para las 20, con una primera banda soporte a las 18.30 (los rosarinos Diabólico Plan), pero empezó pasadas las 22, porque quedaba gente afuera aguardando por entrar, “todavía hay unas diez mil personas haciendo cola”, repetían. La presentación de Algún rayo , lanzado a fines de noviembre, abrió con el intro del disco Canibalismo galáctico , que suena como los clásicos. De todas las canciones que estrenó, fue quizá la más cantada, junto con Poder , elegida como primer corte. Siguiendo su “rueda del tiempo”, como explicaba Chizzo desde el escenario, el segundo tema fue A tu lado , uno de los clásicos de la banda que se incluyó en Detonador de sueños , de 2003. De ese álbum también pasaron el tema que le da nombre y La razón que te demora , que cerró la parte principal del show. La alternancia entre temas nuevos y “viejos” también se notaba en la pantalla que animaba el escenario, dotado de un importante juego de luces y una escenografía igual al arte de tapa del disco: planetas (que se materializaron en pelotas que rebotaban en el campo) y estrellas dibujadas, además de las que creaban las luces. No faltaron en el setlist (de 26 canciones) escalas de las primeras épocas a los que Chizzo presentaba antes de cantarlos con un “a ver si se acuerdan de éste que es viejísimo”. De esos que se convirtieron en infaltables para cada misa renguera sonaron El rito de los corazones sangrando, Voy a bailar a la nave del olvido y En el baldío . Para los bises que cerraron la primera noche de fiesta en Rosario (hicieron doblete el domingo), se guardaron Caricias de asfalto, Panic show, El final es donde partí y Hablando de la libertad. |