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La Capital Todo comenzó el 16 de noviembre cuando el grupo de Mataderos anunció en su página web las buenas nuevas de un disco después de cuatro años y del tour de bienvenida. Con fechas confirmadas hasta junio de 2011 en Tandil, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Carlos Paz, La Plata, Resistencia, Montevideo, Santiago de Chile y Tucumán, para participar del lanzamiento de la gira había que venir a Rosario. Desde todos esos lugares y de cientos más comenzaron a arribar el viernes chicos con remeras y banderas de la banda. El gran día. En el Monumento a la Bandera y en la placita del Che se los vio fotografiándose, pero el lugar de concentración fue el parque Alem. Siempre en grupos bebiendo, fumando, cantando o retozando en carpas o a la intemperie nomás, acamparon tan pacífica como bulliciosamente a la espera de las 17 del sábado, hora de apertura de las puertas del predio donde se realizaría el show. Hicieron largas colas mientras el sol se asomaba entre la lluvia y transitaron como hormigas por el puente sobre el paseo ribereño para ingresar al camping. Adentro los esperaba el mejor rock barrial y también puestos de merchandising, comidas, un patio cervecero y un club que se convirtió en un fiesta con aires de festival. Su playa y su parque albergaron a los 25 mil que recibieron a La Renga el sábado y a los 10 mil de anoche. En las hamacas Guada e Iván, de 3 y 4 años, jugaban mientras Jimena y Sergio los ojeaban. Viajaron desde Tablada, en el conurbano bonaerense, como hace un mes “para ver al Indio Solari en Tandil. Siempre andamos los cuatro juntos”, dijo la joven mamá. La celebración. Humos dulces, bebestibles y amistades hicieron menos larga una espera que terminó a las 22.10. La celebración comenzó con el primer tema del flamante álbum, “Canibalismo galáctico”. Fue una lista de 26 canciones en las que siempre se intercalaron las nuevas con clásicos. “A tu lado”, “El twist del pibe” y “Montaña roja” sonaron mezcladas con “Poder” no sin que Chizzo pida que “no te venza la fuerza”. Más tarde tocaron “El rito de los corazones sangrando”, “La balada del diablo y la muerte” y “La nave del olvido” siempre “esperando que caiga”, como dice el nombre del álbum, “Algún rayo”. “Ruta 40”, “La razón que te demora” y “Hablando de la libertad” formaron fila con “Dioses de terciopelo” y “Caricias del asfalto”. La propuesta desolada y apocalíptica del nuevo disco fue replicada en la estética de un escenario alto, que permitió buena visibilidad, con una estructura de luces más alta aún y con una única pantalla gigante en el medio del grupo. Con un Chizzo liderando, un Tete corriendo de aquí a allá, un Tanque rudo y profundo, un Manu ajustado en los vientos, con Garófalo en saxo y el también productor Nacho Smilari colaborando, el grupo sonó pesado, áspero, contundente y sin grandes arreglos. Sobraron bengalas y faltaron más minutos de rock para un show de dos horas y media sin fallas. Atrás de miles de cabezas sobresalía la de Jazmín, una bebé de 8 meses en los brazos de Cynthia y después Santiago, un padre orgulloso de haber podido juntar la plata con su trabajo de yesero para traer a su familia a Rosario desde Benavídez en la provincia de Buenos Aires. Ya afuera un operativo de la Semtur con una decena de colectivos esperaba a la multitud para hacer la Línea de la Costa y desconcentrarla. Al tiempo, algunos encaraban el regreso a sus tierras en los 310 ómnibus estacionados en el circuito de aprendices del parque Alem. Contentos, ni salteños ni sanjuaninos se inmutaron ante los kilómetros por desandar. Ayer el panorama se repitió aunque no con los números del sábado. A la mañana la Municipalidad limpió la zona mientras los pibes seguían pululando por allí. El comisario Hernán Brest, a cargo de la seguridad, explicó que “pueden parecer desaliñados, pero son absolutamente pacíficos” en referencia a que no se registró incidente alguno. Más allá, los pibes continuaban cantando, alentando, bebiendo y fumando con la satisfacción de ser parte del rito del rock. |