De gira con Chizzo, Tete, Tanque, Chiflo, Manu, Gaby y el equipo rengo.
Las historias detrás de la banda que llegó a River con la demencia como
motor. Un retrato cercano de artistas exitosos que siguen siendo los
mismos de siempre.
Texto de Humphrey Inzillo / Fotos: Ananké Asseff - Pablo Freytes

-Pero si querés saber algo que River nos hizo sentir por primera vez
-agrega el baterista rengo- es el miedo a los secuestros. Nos explotó
todo eso. Nos dio un poco de temor...
Chizzo, mientras mastica una exquisita lasagna casera, aclara que más que
por ellos mismos, la angustia fue por sus familias. Pero ya pasó el
miedo, dicen. En el anfiteatro municipal dentro de unas horas, La Renga
celebrará su primera presentación del 2003. El año pasado fue fuerte:
además de impregnar de maldito rock el Monumental, la banda hizo público
su compromiso con la causa piquetera y editó Documento único, un EP
explosivo que lleva vendidas 15 mil copias y que marca el regreso del
grupo a las producciones independientes luego de la finalización del
conrato que lo ligaba a Universal.
El concierto que la banda de Mataderos dió en River Plate el 30 de
noviembre pasado estuvo a la altura de las circunstancias y marcó un
punto de inflexión en la historia del rock argentino. Esa noche, 50 mil
personas vivieron un show inolvidable, un repaso por temas de toda la
historia renga, que no tuvo nada que envidiarle al de cualquier grupo
foráneo. Pero también protagonizaron -público y banda- una suerte de
fábula urbana: el barrio conquistaba el estadio más grande del país.
Para La Renga y su gente, el recital tuvo (y tiene) un valor simbólico
muy importante: el cómo llegaron allí, una forma de entender la música,
el trabajo y las relaciones humanas que los acompañó a medida que fueron
creciendo: del Club Larrazábal al Galpón de Sur, luego a Stadium,
después a Obras, y de allí a las canchas de fútbol: Atlanta, Ferro y
Huracán. Pese a que casi todos sus discos se editaron a través de una
multinacional, el grupo siempre organizó sus fechas de manera
independiente: los precios de las entradas para ver a La Renga siempre
fueron más bajos que el promedio: por ejemplo, cuando tocaron en Obras
por primera vez, en noviembre de 1994, el ingreso costaba sólo 7 pesos.
La clave, sin embargo, hay que buscarla en algo más profundo. El modo
rengo de concebir la vida y enfrentar al mundo tiene un eje: el trabajo en
familia, entre amigos; la convicción de que, aún en una época en la que
el éxito parece reservado sólo a los proyectos individuales, todavía es
posible desarrollar un ideal colectivo, si todos, cada uno en su puesto,
tiran para el mismo lado.
Cuando decidieron hacer el show en el Monumental, fue tanta la adrenalina,
tantos los detalles a ultimar, que no tuvieron tiempo de tomar conciencia
de lo que implicaba semejante movida. Algo intuyeron por la reacción de
los fans cuando se echó a correr el rumor: "Hasta a ellos les
parecía mucho: ¿En serio van a tocar en River? (risas).
Nadie lo podía creer" recuerda Tete. Fueron dos meses a puro turbo
diesel, preparando todo: desde la escenografía y las entradas, hasta el
sonido y El Precipicio, el fanzine que hace las veces de puente entre las
novedades de la banda y su hinchada, Los Mismos de Siempre, que cada vez
son más.
Sabía que hacer River era un riesgo, pero de eso se trata, para ellos, el
éxito.
-El vértigo crea una incentivación especial; si tocábamos en otro lado,
no iba a haber vértigo. Está bueno el riesgo. En nosotros funciona- dice
Tete.
Pocos días antes del show fueron todos hasta Nuñez y entraron al
estadio. Enorme y desierto, el Monumental se les venía encima. Recién
entonces cayeron en la cuenta lo que estaban por hacer. La conclusión fue
breve: "Estamos re-locos".

Chizzo tiene puesta su remera de Villanos, luce un raro peinado nuevo
con la nuca en forma de flor de lis, e inunda el lugar con su vozarrón.
Tanque, con su barba prolijamente escalonada, es una locomotora a doble
bombo, Su hermano, Tete, corretea de un lado al otro del escenario, como
un demonio de Tasmania con eterno jardinero de jean. Si en vez de tocar el
bajo jugara al fútbol, Tete sería un aguerrido e incansable volante de
ida y vuelta; como, digamos, Adrián Bastía o, mejor aún, Blas Armando
Giunta (¡huevo, huevo, huevo!). Chiflo y Manu soplan saxos con la fuerza
de un temporal serrano. Suena "El rey de la triste felicidad",
el piso del Anfiteatro Municipal de La Falda vibra, y la fuerza rockera de
La Renga puede sentirse en el pecho. ¿Y la gente, los trapos, las
bengalas? No, gente no hay, es sábado, apenas pasado el mediodía, y el
lugar, con capacidad para 7 mil personas, está vacío. Somos diez tipos,
entre asistentes, manager y un colado (Humphrey, encantado), quienes
presenciamos la prueba de sonido. Tanque, Tete y Chizzo chequean sus
equipos como si tuvieran enfrente de la multitud más fervorosa. Aún en
los ensayos, La Renga suena como para pelearle a Divididos el trono de
Aplanadora del Rock.
En un principio, la prueba iba a hacerse el viernes en la noche. Pero se
postergó. Por una cuestión de tiempos y porque -he aquí la razón
fundamental- en el hotel Las Playas humeaba un asado espectacular, como
para un batallón, La Renga (el colectivo humano integrado por los cinco
músicos y otros veinticinco personas entre stages, iluminadores,
escenógrafos, sonidistas, manager y fotógrafo) compartió el ritual
parrillero con la producción local, es decir, los asistentes y encargados
de seguridad de Perro Records Producciones, responsables de la
presentación cordobesa del grupo. En el comedor había diez mesas y un
clima distendido, de joda lindante con la guerra de migas. Al final de la
cena regada con vino tinto, y después de una ensalada de frutas bajativa,
Tete volvió a hacer uso de su arma mortal, una pistolita de agua con la
que ya había humedecido a todo el paisaje del micro de gira durante el
viaje Buenos Aires-Córdoba. Pero esta vez, un artero chorro de sifón por
la espalda dio por terminado el tiroteo. Afuera, en un lugar de las
sierras donde arden las estrellas, la tormenta eléctrica destellaba con
toda la furia.
La rabia del temporal cordobés resultó casi tan fuerte como la que
descarga Documento único, el EP que La Renga había preparado
especialmente para el show de River, y que mezcla el desencanto político
("Hielasangre"), la potencia atronadora ("Detonador de
sueños") y el rock apocalíptico ("Dementes en el
espacio").

Chizzo dice que es lógico que les haya salido un disco furioso.
-Va unido a lo que está pasando en el país, a cómo nos sentimos y a
cómo nos llegan las cosas.
Para él, el sonido final de Documento único es consecuencia de una
decisión fundamental: haber decidido grabarlo en la sala de ensayo y no
en un estudio.
Chizzo: Es que el estudio te enfría.
Tete: En otros discos no pudimos lograr que se notara tanto la parte
humana porque en el estudio perdíamos la cosa cotidiana. Al estar con tus
amigos, tranquilo, podés sacar todo lo que tenés adentro más
libremente, sin cuestionarte nada. Por eso, grabar en la sala nos parece
copado. Y temos ganas de correr este mismo riesgo en nuestro próximo
disco.
Chizzo: Queremos que el nuevo albúm tenga el calor que se siente en vivo.
Hay bandas de estudio, pero La Renga es una banda de vivo, sanguínea y muy
salvaje. Creo que con los tres temas de Documento único nos estamos
acercando al sonido que queremos lograr. Y algo más: conseguimos grabar
sin auriculares, sólo con los monitores de la sala. Eso te hace sentir
muy libre, tanto al tocar como al escuchar. El auricular es engañoso,
porque no escuchás verdaderamente el sonido que estás tocando. La idea
es mejorar esta base para optimizar la grabación del disco.
Tete: Es un riesgo, insisto. Así como están dadas las condiciones
técnicas, es casi imposible grabar en la sala. Pero nosotros, al estar
ahí, dándole masa y buscando la forma, nos sentimos muy cómodos.
Chizzo: Es tu lugar de todos los días...
La situación del país no te da la posibilidad de instalarte a vivir seis
meses en un estudio como hacen las bandas yanquis, que prueban la viola en
un cuarto de piedra, después en uno de azulejos, y ponen la batería en
un salón de madera.
La sala de ensayo queda en el corazón del barrio de Almagro, y es la
misma donde ensayaron, durante más de diez años, los Redondos. En las
paredes de la vieja casona, allí donde el grupo se siente cómodo, no hay
discos de oro, hay en cambio, unos cuadros-objeto que reproducen el arte
de tapa de todos los álbumes de la banda. La autora se llama Lili y es la
madre de Pablo, un joven fanático del grupo que falleció hace dos años.
A través de una carta, los músicos se enteraron de la historia y, en uno
de los shows que dieron en Obras, en septiembre de 2001, desde el
escenario le dedicaron un tema a Pablo. Lili estaba entre el público. A
partir de entonces, los músicos y Lili se hicieron muy amigos. Cada tanto
ella pasa a visitarlos y a dejarles de regalo alguno de sus cuadros. En la
sala también hay una pipa que miembros de la comunidad huarpe de San Juan
("Aman el rock, pero mantienen vivo el saber de sus
antepasados") le obsequiaron a la banda. Y llegando a la cabina de
sonido cuelga una barra que parece un bate de béisbol pero no: es un palo
piquetero, el arma que los desocupados usan para defenderse en los cortes
de calles, avenidas y rutas y que, aquí, habla por si solo de la
adhesión de La Renga a la causa piquetera.
-Son souvenirs impresionantes, muy simbólicos- dice Tanque.
Tete: Tienen una carga que va más allá del objeto en sí. Tiene que ver
con el momento en que te lo dan, en cómo te lo dan...
Durante los últimos tiempos, la relación de La Renga con los movimientos
piqueteros adquirió una dimensión imposible de ignorar. A lo largo de
2002 la banda tocó en distintas jornadas de protesta, y apoyó
publicamente los reclamos de los desocupados. Lo hicieron -lo siguen
haciendo- sin arengas ni discurso inflamado.
"Simplemente hicimos", dicen, "lo que teníamos que
hacer". Se trata en realidad, de algo que muchos rockers suelen
perder en la medida en que el éxito modifica su entorno y su percepción
del mundo; algo llamado "conciencia de clase".
Tanque: No podíamos hacernos los boludos, como hicieron todos. Cuando me
refiero a "todos", no hablo de los músicos. Hablo, por ejemplo,
de los ahorristas a los que les cagaron la plata y recién ahí saltaron.
No saltaron por la gente que no tiene trabajo...
La Renga, se ocupan de aclarar sus músicos, no toca por ni para los
líderes de ninguna agrupación.
Tete: La mayoría de los chicos de la Aníbal Verón y de todas esas
movidas son fanáticos de La Renga. Nuestro compromiso es con ellos.
Chizzo: Ese público se identifica con nosotros por dos razones:
primero, porque nosotros fuimos, y somos, trabajadores, y, además, por
las letras, que tienen una visión libertadora. A lo mejor, creen que la
banda es su portavoz.
Tete: Somos gente de trabajo. A los chicos les gusta lo que contamos, lo
que hacemos. Más allá de las letras y la música, tiene que ver con
cómo se mueve la banda. La amistad y el trabajo. Para nosotros es una
gloria haber logrado lo que logramos, y con amigos.
El bajista pinball se cuelga recordando sus días como empleado de una
fábrica de bujías. Laburaba con su hermano, Tanque. En esa época, en
los comienzos de la banda, los Iglesias Brothers estaban juntos a toda
hora. Literalmente. "Trabajábamos todo el día en la fábrica.
Tanque era mi jefe, asi que imagináte. Después nos íbamos a ensayar y,
para colmo, dormíamos en el mismo cuarto." Pese a semejante pegoteo,
se llevaban muy bien, salvo antes de salir a tocar; tal vez por la
ansiedad, o por el grado alcohólico que corría por venas varias, las
peleas a trompadas en los camarines, antes de enfrentar al público, eran
un número puesto. "No había forma de separarlos", recuerda
Gaby. Tanque se ríe: "Es como cuando éramos chicos, que este trolo
me rompía los juguetes... ¡Y ahora me rompe las bolas!".
¿Y que pasó con la fábrica?
Tanque: ¡Era un bajón, loco! ¿Sabés lo que es terminar de ensayar a
las 5 de la mañana y levantarse a las 7 para ir a la fábrica?
Tete: La verdad que con el laburo... ¡todo mal! Pero me dio la posibilidad
de comprarme el bajo, mi equipo. En las primeras fechas que hicimos
perdíamos guita, a lo loco. Y teníamos que recuperarla en nuestro
trabajo...
Tanque: Yo fui el primero en dejar la fabrica: me puse a manejar un taxi.
Me acuerdo de salir a laburar a la mañana temprano y al mediodía ir a
probar sonido a Obras. Era re-loco.
¿Te subió algún fan al taxi?
Tanque: No, nunca.
Tete: (a Chizzo): A vos sí te pasó eso con la plomería. ¿no?
Chizzo: Al principio, no. Después, cuando largué y mi viejo siguió
laburando, lo mandaban a que me pidiera algún autógrafo. Pero ojo,
algunos pueden decir "¡Este baño lo hizo Chizzo!" (se ríe).
Aunque fue el año pasado cuando La Renga adoptó un perfil
definitivamente político, su militancia no es nueva. En 1998 participaron
del concierto por los 20 años de lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Y
el 19 de mayo de 2001, cuando tocaron en Huracán (show del que da cuenta
Insoportablemente vivo, el largometraje dirigido por El Cholo y
Martincito, responsables del ala audiovisual de La Renga), la
escenografía y las imágenes que se proyectaron en las pantallas fueron
decididamente apocalípticas. Cuatro meses después, las Torres gemelas de
Nueva York en llamas parecían darle a los cortos de La Renga cierto valor
profético.
Chizzo recuerda que mucha gente entendió la pavorosa estética de aquel
concierto en Huracán como un presagio. Y se ríe.
-No, no incitamos a que los monos tiren bombas...
El Gordo Gaby, manager rengo, se pone serio:
-Se veia venir. Cuando el poder ejerce tanta presión contra el que menos
tiene, se sabe que algo va a explotar por algún lado. Está bien, los
norteamericanos luchan por el poder, pero Bin Laden tampoco ataca porque
no comen los pibes, ni por una búsqueda de justicia...
En las pantallas de River, un año y medio después, las imágenes ya no
fueron alegóricas sino explícitas, definitivamente políticas. Los
rostros de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki (los piqueteros
asesinados por la policía bonaerense en la masacre de Avellaneda, el 26
de junio del año pasado); los soretes de perro mezclados con los rostros
de Menem, De la Rúa, Cavallo; fragmentos del documental El Argentinazo,
realizado por los piqueteros del Polo Obrero.
¿Pero no era acaso que a La Renga, según la canción "El
revelde", no le interesaba ningún tipo de política?
Tete: No hay que tomar la frase en un sentido tan literal. No existe, en
la Argentina, un tipo de política que nos interese.
Gaby: No hay nadie que nos esté representando, y por eso no hay ningún
tipo de política que nos importe. Pero sí nos importa lo que está
pasando. Nos entusiasma el triunfo de Lula en el Brasil. Si Lula llega a
cumplir el 50 por ciento de las cosas que dice, mucha gente voverá a
tener esperanzas en un tipo que pueda hacer las cosas como se debe. Como
por ahí fue Fidel en su momento: una esperanza. Tal vez Lula puede ser el
puntapié inicial de un cambio en Sudamérica...
Todos: Ojalá. Dios quiera que haya un cambio en América latina, loco.

Cuando en 1993, La Renga firmó una multinacional (Polygram, luego
Universal), un sector de la prensa los descalificó acusándolos de haber
conseguido un buen contrato (se habló tanto del dichoso millón de
dólares...). Gaby protesta porque, en lugar de tomarlos como ejemplo para
que las demás bandas pudieran hacer lo mismo, los periodistas se
dedicaron a culparlos.
-Han dicho que éramos una banda de la calle, y que cambiamos por
firmar un contrato millonario. Nosotros siempre negociamos y siempre
exigimos cosas, porque hacemos bien nuestra parte: damos el máximo en
cada presentación.
No hace falta hurgar demasiado para descubrir que otra de las cosas que
les molesta es leer o escuchar que en los medios, cuando se habla de La
Renga, se habla de "rock barrial". Definitivamente, la etiqueta
les cae pesada. "Según la etimología tendríamos que hacernos
cargo", dice Manu. Pero lo cierto es que, en líneas generales, eso
de "rock barrial" o peor, "rock chabón", les suena a
desprecio. También se enojan cuando dicen que su público perteneces a
los barrios bajos.
Tanque: Nos parece despectivo. Tal vez, los de los barrios altos puedan
sentirse despreciados. Hay mucha gente que comparte los mismo que nosotros
y vive en Belgrano; gente que tiene plata, pero que también quiere que
las cosas cambien, porque comparte un sentimiento. Podés conocer a
alguien que no tiene un peso, llevarte para el orto y no tener nada que
ver con él. Los sentimientos pasan por otro lugar, que no tiene nada que
ver con donde vivís ni con lo que tenés.
En realidad, se ríen bastante de las definiciones con las que los
periodistas intentan (intentamos) explicar la música, y también de las
modas que surgen a partir de las nuevas etiquetas. El retro-rock, por
ejemplo. El año pasado, la prensa de rock mundial celebró la explosión
de The Strokes, The Vines, The Hives (The..., The...; las "The"
Bands, bah), grupos de jóvenes que rescatan formas y sonidos de hace
treinta años pero con una imagen cool (o, para ponerlo en términos
rengos, "súper careta"). Con cierta sorna, los músicos de La
Renga aseguran que muchos de los que los criticaban por tocar rock &
roll clásico, ahora lucen obnubilados por estas bandas de garaje.
"Si lo hace un gringo, le levantan un monumento. Y si lo hacemos
nosotros, somos unos boludos" se enoja Manu. Tanque aprovecha para
elogiar a Audioslave ("es impresionante, loco"). Para La Renga, el rock debe ser representativo de su lugar.
Tanque: No podemos hacer algo con un vuelo internacional, porque no nos
pasa nada de lo que le está pasando a la gente que vive en otros lados.
Hablamos de las cosas que nos pasan acá. Es lo que nos gusta, con nuestro
sonido.
La seriedad dura poco, si estan todos juntos, es casi inevitable: el
remate es, siempre, una broma, un chiste, alguna pavada. Los integrantes
de La Renga están casi siempre de buen humor, les gusta divertirse. Joden
con la participación de Ricardo Mollo (productor de varios discos rengos
e íntimo amigo de la banda) en los MTV Awards; lo imitan: "La
ganadora es...¡Shakira!". Se reconocen como "muy
hinchapelotas" (sic) y prometen una gastada infernal en su próximo
encuentro con el guitarrista dividido. no juzgan la participación de
Mollo en el evento. Pero aseguran que tienen muy claro que no les gustan
ese tipo de fiestas.
Gaby: Si tenés ganas de ir, como Mollo o la gente de El Tri, vas. Y está
todo bien. Pero nosotros no creemos en esas cosas. Es como si SADAIC
organizara una fiesta. La fiesta sería que SADAIC les garpara a los
músicos la guita que les corresponde. Y no que se la roben. Lo mismo pasa
con AADI CAPIF: te entregan un premio, una plaquetita por los discos
vendidos. Pero la guita se la llevan ellos, porque te sacan porcentajes de
gastos administrativos, 38 por ciento, 45 por ciento...¿Por qué le
siguen currando la guita al músico?
Tanque calcula el precio de cada estatuilla.
-Tres lucas. Prefiero que esa gente no me regale nada. Sólo que escuchen
la radio y anoten la música que pasan...
No son las fiestas del ambiente ni las entrevistas: si hay algo que La
Renga disfruta especialmente, además de los asados multitudinarios y los
partidos de metegol, es poder llevar su música por las rutas argentinas.
Y no sólo es por la buena recepción del público. "Cada vez que
llegamos a un lugar, los pibes de la producción local nos tratan con
muchísimo afecto. Es hermoso. Y eso pasa con nosotros, que somos los
stages. Así que, imagináte..." El que habla es Pablo Pratto,
asistente de escenario y, sin ser músico, miembro fundamental de La
Renga. Todos los asistentes rengos sienten al grupo como propio.
Gaby: Pablo nació con nosotros, lo conocíamos antes de que formáramos
el grupo. El valor de La Renga es que la banda nos unió a todos. Y
preferimos trabajar con gente que conocemos por una razón muy sencilla:
son los que mejor van a entender lo que queremos y necesitamos.
Tete: Esa es una suerte, saber lo que quiere el otro, las cosas se hablan
y salen. Nadie va a hacer algo que no les guste a los demás. Eso es
porque nos conocemos mucho. No es una cuestión tanto de respeto: tiene
más que ver con la amistad. El respeto y la amistad no son lo mismo. El
respeto está dentro de la amistad.


¿Sufren las giras?
Tanque: (Risas) Imagináte. Treinta amigos en dos micros. Es un viaje de
egresados permanente.
Tete: Y encima sumamos amigos. Cuando fuimos a Chile, el grupo Weichafe
nos prestó equipos e instrumentos; después fuimos a una fiesta a la casa
de ellos. Y ahí mismo nos dieron ganas invitarlos a tocar. Entonces,
hablamos con los productores de Córdoba y les dijimos: "Loco,
tenemos que invitar a unos amigos, de Chile". Y no nos pusieron ni
media traba. Esas cosas que fuimos logrando son bárbaras. Por suerte
siempre nos topamos con gente copada.
Weichafe cruzó la cordillera con un regalo especial para Tanque. ¿La
camiseta del Colo Colo? ¿Una botella de Pisco? No. Sabían del fanatismo
del baterista por los dibujitos animados (supo tener una soberbia
colección de remeras de Los Simpson) y le trajeron, entonces, unos
muñequitos de Bob Esponja, figura estelar de Nickelodeon, uno de los
favoritos del hombre del doble bombo. Una retribución harto tierna,
huevón. La experiencia de La Renga en Chile fue fantástica.
"Nosotros pensábamos ¿qué pasará allá?", cuenta Tanque.
"Y era lo mismo que acá, loco. El rock se entiende igual en todos
lados. Es la misma gente. Es rock. Fue increíble."
La relación que se estableció con Weichafe es un ejemplo del modo en
que La Renga decide vincularse con sus colegas. Con cada banda que el
grupo traba amistad, surge la idea de compartir una fecha. En La Falda,
por ejemplo, además de Weichafe, tocaron El Puñetazo y Motor Loco (la
banda de Fachi, ex Viejas Locas). Además, los músicos de La Renga
también han participado en grabaciones de otros artistas: Chizzo cantó
con Mancha de Rolando y Pezones Cardozo; Manu tocó con Guillermina...
También suelen salir a tocar vestidos con remeras de otros grupos:
Chizzo, por ejemplo, se dejó ver varias veces con una de La Covacha. Y de
cuando en cuando juegan el papel de productores artísticos de discos
ajenos, como en el caso de Cielo Final y Maldita Suerte. Chizzo está
convencido: "Hay bandas que van a seguir alimentando el rock
nacional, igual que nosotros, que a nuestra vez fuimos sucesores de otras
bandas". El Tete apoya: "Hay un montón de bandas tocando, un
montón de bandas que convocan y que están grabando. Hay movida. Eso
está buenísimo".
En viaje se los ve como una estudiantina, en eterna diversión. Pero el
tiempo pasa. ¿Cómo les pega el tema de la edad?
Tanque: En que ahora te levantás y te duele todo (risas, carcajadas de
Chizzo). Las resacas son cada vez más grandes.
Tete: Las recaídas se sienten...
Gaby: Después de los shows necesitamos más tiempo para recuperarnos...
¿Sienten como una responsabilidad saber que hay una estructura, un
montón de gente que depende, en un punto, de la banda?
Gaby: Sabemos de la responsabilidad que lleva manteber todo esto. Pero no
lo tomamos como una carga, al contrario.
Chizzo: Un poco la cosa funciona por no estar conscientes. Funciona
gracias a la locura. Y eso es lo más loco que hay.
Hace catorce años que La Renga existe, Desde sus primeros shows en el
club Larrazábal hasta su reciente consagración en River, la banda no ha
dejado de crecer. Para sus músicos, el secreto del éxito radica la
tenacidad y el esfuerzo compartido, pero también tiene algo de azaroso,
mágico e inexplicable.
Gaby: Creemos que todo lo que nos pasa tiene magia. La magia de habernos
juntado alguna vez. Cuando nos conocíamos, no sabíamos que íbamos a
estar toda la vida juntos. Por ahí pasa la magia. La magia de Chizzo
componiendo es esa misma magia la que nos une a todos.
Seguirán apostando al trabajo y a la magia. Pero, ¿qué viene
después de River? ¿Qué pasa una vez que una banda llega a tocar el
cielo de Nuñez con las manos?
Chizzo, Tete, Tanque y Gaby ríen por toda respuesta. Y empiezan a
preparar su próximo disco.
Por abrumadora mayoría, el staff de periodista de Rolling Stone, eligió
a La Renga como Artista del Año y como Banda del Año. También decidió
que el de River, fue el Mejor Show del 2002. Ningun otro grupo o solista, al
menos esta vez, obtuvo semejante adhesión. ¿Por qué?
El multitudinario y apabullante que dió en el Monumental, el 30 de
noviembre pasado, puso al trío de Mataderos en el sitial definitivo de las
grandes bandas de rock argentinas, pero también dejo constancia, de un modo
de entender lo que, en este momento, el-rock-debe-decir-y-hacer en este
país.
Consciente de su origen, La Renga eligió ser portavoz de un sector de la
juventud que no se resigna a perder la dignidad. Y, lejos del discurso de la
barricada, en su actitud frente a los medios y a la industria, en su forma
de concebir el trabajo, su obra y prédica encuentran sentido. El logro
colectivo, el triunfo de un proyecto común, representan en épocas como
éstas, gestos rockeros más rebeldes que toda canción incendiaria.
Eso, más un sonido poderoso que no persigue la novedad si no la furia, y
la tozuda carrera de catorce años, convierten a La Renga en un aluvión.
Qué lleno River, que vendió miles de discos, pero que, expresa como nadie
ese sentimiento rockero hoy tan argentino, como el Che, Perón y
Maradona.
-Fernando Sanchéz, Editor Musical Rolling Stone.