Sería mejor pensar que se trata de una
pesadilla colectiva, y que El Carpo no se fue. Cuesta referirse
a Pappo en pasado, y mucho más les cuesta a sus amigos más cercanos.
Y encima hoy, en el día de su cumpleaños.
Norberto Napolitano estaría soplado 55 velitas y, seguramente,
hubiera festejado en su casa de La Paternal, con sus amigos
de toda la vida. “Así se festejan los cumpleaños, con amigos,
sin mujeres”, declaró alguna vez.
Por eso, acaso el mejor modo de recordarlo sea a través del
testimonio de sus amigos, reconocidos músicos del rock argentino
que ubican al El Carpo en el panteón que se merecen los héroes.
Cargado de emoción, Chizzo de La Renga, explica que empezó a
tocar la guitarra gracias a él. Omar Mollo recuerda que subió
a tocar con él en escenarios casi marginales (“a Obras va cualquiera
de invitado”) y Flavio Cianciarullo le dedica un vuelo eterno.
Aquí abajo, el emotivo testimonio de cada uno de ellos:
• Gustavo “Chizzo” Nápoli (cantante y guitarrista de La Renga)
“Es el padre de la guitarra en la Argentina. Yo, de pendejo,
me inicié escuchándolo a él.
Y, mucho después, tuve la suerte de conocerlo. Un día, cayó
a la sala. Estábamos tocando y se metió. Ni nos saludo. Recién
nos dijo ‘hola’ cuando paramos de zapar, dos horas después.
Era una persona excelente, ¡era una locura!, ¡una risa! Era
un tipo muy sencillo, generoso y rockero de verdad. Hemos compartido
momentos memorables de motos, ruta y encuentros. Siempre con
una sensación de libertad. No estaba en Buenos Aires, y me enteré
de lo que pasó dos días después, cuando llamé por teléfono.
Pienso que en su vida siempre hizo lo que quiso. Murió en la
ruta, en su ley. Una muerte perfecta para una leyenda, porque
así fue su vida”.
• Omar Mollo (cantante y guitarrista, de tango y del grupo
M.A.M.)
“Fue el primero que se animó, que estiró una cuerda y la clavó.
Yo lo conozco hace tanto... Pasamos mucho tiempo juntos.
En los 70, nos juntábamos en casa a escuchar unos discos que
había traído de Europa, impresionantes. Cuando hizo el disco
Pappo y amigos, fui a grabar un tema a la quinta, y con
mi mujer nos quedamos 15 días, dándole una mano. Yo afinaba
las guitarras, o lo que sea, y mi mujer preparaba comida para
los invitados. Una noche, vino a tocar a un show de M.A.M. en
San Justo, y me dijo ‘¿Viste? A Obras va cualquiera...’. Otra
vez vino a El Mocambo, de Haedo, con Alejandro Medina. Entraron
con la moto y subieron a tocar con nosotros... La gente se volvió
loca”.
• Flavio Cianciarulo
“Cuando un músico es un verdadero genio, se disipan en su arte
los límites de tribus o lenguajes definidos para pasar a ser
música superior;
de ese modo Pappo es como Bird, como Atahualpa, como Coltrane
o tantos genios más... No sólo me tocó grabar en aquel disco,
Pappo y amigos, que para todos los que participamos fue
maravilloso, también tuve la suerte de poder tocar con él en
vivo, en tres ocasiones que para mí fueron mágicas. Por él,
claro. Él vuela, o volaba... no sé qué decir. Me resigno, tal
vez, a hablar en pasado... Fue un orgullo increíble para mí
como bajista, viniendo de otros rumbos, el poder acceder a grabar
el disco de ‘amigos’. Orgullo rotundo ya que no pertenezco a
las filas del rocanrol. Pero mejor aún, pertenezco a las filas
de la música. Por eso, creo que él, prejuicios aparte, me invitó
generosamente a su gran fiesta y homenaje en vida. Grabar el
contrabajo de
Desconfío fue un punto muy emocionante
de mi vida... Tantas noches de fogón cantándola y tocándola...
hasta que un buen día me encuentro en un estudio con el contrabajo
en mano y auriculares puestos, al lado de él,
tocando el piano con un swing que era para estremecerse... Otro
punto alto para mí de mi vida musical fue grabar
Insoluble,
aquel tema que en versión original termina con una coda-solo
de bajo- increíble... Yo creía que era Ale Medina, pero El Carpo
me dijo que no, que era el bajista de La Pesada. La presentación
del disco, en Obras, la disfruté muchísimo. Pero más disfrutaba
de verlo a él volar con la Gibson muy, muy alto... Por encima
de las montañas del desierto de Real de Catorce. Todo músico
genial, cuando toca e improvisa, creo que vuela. Y vaya si él
volaba...
Otros músicos, nos quedamos en la tierra, observando aquel
vuelo brujo del gran improvisador. Pero su sensibilidad hace
que nos tome de su mano musical y nos lleve a dar una vuelta...
No tenemos alas... él sí. A pesar de que carecemos de alas,
gracias por brindarnos la suficiente sensibilidad como para
emocionarnos con sus solos y obras maestras. Gracias también
Carpo, maestro de maestros, capo di tutti i capi, por
dejarme tocar esas tres o cuarto veces en vivo que jamás olvidé,
ni olvidaré. Vuela alto, vuelo brujo”.