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Oh, soy LA RENGA...
El pasado sábado, los de MATADEROS se
presentaron en el Patinódromo de la ciudad de Mar del Plata y en
casi dos horas y media de show repasaron sus placas y hasta mostraron
una nueva canción, homenaje a PAPPO. EL ACOPLE se pegó una
vuelta por la Feliz y acá te cuenta todo lo que sucedió
en el viaje, la previa y el show.
Quizás esta no sea la nota más objetiva,
y tampoco fue escrita con esa intención. Solo intenta reflejar
la travesía de uno de los miles de rengos que se dieron cita en
Mar del Plata.
Viernes 0:00hs. Esquina de Juan B. Justo y Gral. Paz (Liniers). Tan solo diez minutos después de lo pautado, el micro emprendía rumbo a Plaza Constitución, donde subirían los últimos 9 pasajeros. En total casi cincuenta personas, varias botellas de cerveza, vino, fernet y coca, además de muchos trapos, remeras rengas y alguna hierba medicinal que no pudo ser utilizada (al menos en un principio), debido a la falta de ventanillas. La primera de las paradas fue cerca de Hudson, y fue utilizada por muchos para improvisar una mini sesión de fotos, de frente al micro y posando orgullosos con sus trapos. La segunda (mucho más extensa) fue en Minotauro. El largo del viaje hasta el momento (casi 5 horas) hizo que la tercera parte del viaje fuera realizada en casi un completo silencio, ya que se aprovechó para dormir algo antes de llegar a Mardel.
La (larga) previa Sábado 8:00hs. Esquina de Juan B. Justo y Jacinto Peralta Ramos (Mar del Plata). Todos los pibes se fueron separando en varios grupos. Muchos decidieron ir para el centro de Mar del Plata y otros decidieron (decidimos) quedarse en la zona del estadio. El frío fue intenso hasta alrededor del mediodía, cuando los rayos del sol comenzaron a hacerse sentir, con el consiguiente alivio. Cuando le dábamos los últimos mordiscos a nuestros sandwiches, comenzó a sonar el bombo de la batería, luego una guitarra y poco después se podía distinguir a la banda probando sonido y tocando algunos temas. Fuimos hasta el estadio, donde desde una reja se podía ver el escenario y a la banda tocando varias canciones (inclusive algún estreno) durante alrededor de cuarenta minutos. El cansancio se estaba haciendo notar, y eso que recién eran las cuatro y media de la tarde. Con la llegada de los chic@s de William Morris, los niños de Tandil y algunos más, las cervezas se fueron sumando y sumando. En tanto, una murga alegró con sus ritmos a la gente, hasta que un rato después llegó la caravana que había organizado un canal local. Ya se había decretado el estado de espera rengo. Todo era fiesta. Las bocinas de los coches acompañaban los cantitos y los trapos eran revoleados con ganas, mientras el supermercado mencionado más arriba, no daba abasto para llenar sus heladeras.
La entrada Mientras la gente estaba tranquila e ingresaba apurando los últimos tragos de una birra o un tetra, el personal de control los obligaba a dejar los palos que sostenían sus trapos. Lamentablemente también tuvieron que dejar algunas cosas más. En mi caso personal fue un desodorante y una caja de fósforos. Otros perdieron sus encendedores o boludeces varias. Ante la queja de ¿y con qué querés que prenda los puchos?, recibí una mirada perdida del Control y una respuesta corta Ni idea, a mi me dijeron que haga esto. Superado el inconveniente y tras dejar un racimo de puteadas en el camino, llegamos adonde estaban los policías, instancia previa a entrar al campo. Allí dos de los azules hablaban, golpeando sus bastones contra sus manos, mientras uno de ellos decía Ahora le pegamos a un par de pibes y listo. ¿No habrían conseguido pizza? ¿O serían fanáticos de Axel? Por suerte no hubo incidentes como los provocados por los mismos azules en La Plata a fines del 2003.
¡Viva LA RENGA! Durante un largo rato se escuchaba un sonido desde el escenario, hasta que un grupo de plomos sacó la funda (violeta) de la batería, las luces (no todas) se apagaron y un redoble y un machaque hicieron de introducción a la primera de las canciones que desgranaron en la noche: Las cosas que hace. Describir lo que sucedió en el escenario durante todo el show sería redundante para cualquiera de los que ya vivió un recital de la banda. Las corridas por todo el escenario y el eterno jardinero del TETE, la sonrisa inmutable aún cuando esté realizando el solo más extenso- del TANQUE, las sentidas interpretaciones y los graves gritos de ¡gracias! del CHIZZO, así como los inagotables pulmones del CHIFLO (siempre con sus gafas negras) y del MANU. Son muchos lugares comunes pero, para que negarlo, todos vamos a buscar eso. Tras Panic show (segunda canción) se escuchó un aislado tres tiros y al finalizar, llegó el saludo del CHIZZO, quién también agradeció a la gente por no prender ni bengalas, ni tres tiros. Si había más pirotecnia, era obvio que no se volvería a prender, ya que desde hace años la banda sabe como contener a su público (recordar el Huracán de la lluvia, donde la gente desarmaba los paneles del piso y salieron a pedir calma; o el Hangar de diciembre del 2002 donde retaron a la gente por la cantidad de bengalas). A tu lado y Detonador de sueños -con imágenes del arte del disco- fueron las canciones que continuaron. Vamos a hacer algunos temas viejos, a ver si se acuerdan de esta, dijo el cantante antes de arrancar con Motoralmaisangre. Imágenes en rojo se veían desde la pantalla, para dar paso a un primer plano de los ojos de LITO CRUZ, mientras sonaba En el baldío. La gente cantaba y saltaba, mientras TETE revoleaba un trapo y GUSTAVO NAPOLI preguntaba ¿la están pasando bien? y les agradecía a las bandas soportes. El pogo sería demoledor segundos después, cuando tocaron El twist del pibe. Durante El terco, un trapo gigante de Mar del Plata tapaba la popular. La voz renga habló luego sobre las dos tragedias del rock: Cromañón y la muerte de PAPPO, a quien le dedicaron una nueva canción titulada Viva Pappo, en la que en su letra encadenan títulos o frases de canciones del CARPO y en la que contaron como invitado al violero de SANTUCA. Para que lo escuche desde el cielo, dijo en el final NAPOLI.
Dame la mano, contame tu suerte La lista continuaría con El rastro de la conciencia y con ¿Cuándo vendrán?, antes que llegara El ojo del huracán, con imágenes psicodélicas desde la pantalla. El tema de LA NEGRA, Veneno, sería saltado por todo el estadio. CHIZZO se retiró del escenario y volvió con la guitarra de dos mangos (12 cuerdas, no dos pesos), regalada por sus compañeros de grupo y que sería utilizada para tocar Míralos, con las habituales imágenes de niños. Seguirían Ser yo, Dementes en el espacio, Lo frágil de la locura y El hombre de la estrella, antes de que se despacharan con Hielasangre y una emocionante versión de Voy a bailar a la nave del olvido, en la que un pibe que tenía al lado no pudo contenerse y se largó a llorar. Las luces rojas en el escenario no podían indicar otra cosa que el comienzo de La balada del diablo y la muerte, en la que hubo, como en otros tiempos, una performance actoral. Minutos más tarde, y como el final se acercaba, sonaron El final es en donde partí y El rey de la triste felicidad. La primera tanda de bises traería Tripa y corazón, El viento que todo empuja, en la versión de Despedazado Por Mil Partes (esa mezcla de reggae y rock), y el hit El revelde, en la que TODO el estadio saltó e hizo vibrar el piso. Desgraciadamente todo se termina y luego de La razón que te demora, el grito del CHIZZO presentando Hablando de la libertad nos puso en conocimiento que el show llegaba a su fin y que solo nos quedaba disfrutar esos últimos minutos, al grito de morir queriendo ser libre.... Rostros felices iban dejando el Polideportivo. Algunos con la idea de encontrarse el 18 de junio en el Pajas Blancas (¿harán Paja brava?) Center de Córdoba; otros se conformaban con poder ir el 9 y 10 de julio al estadio de Vélez, pero todos contentos después de casi dos horas y media de una de las mejores bandas nacionales. No logro encontrar las palabras que puedan describir los sentimientos vividos en la noche del pasado sábado en Mar del Plata. Una fiesta tanto arriba como abajo del escenario, antes o después del show.
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