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Una fiesta de rock solidario
Fue como tirar la casa por la ventana, como se
acostumbra a decir comúnmente. Fue fiesta de fin de año
y fiesta solidaria con todas las letras. Pero por sobre todas las cosas
fue «una fuerza de unidad para cumplir los sueños»,
tal como lo sentenció Chizzo Napoli en su primeras palabras de
agradecimiento a la gente obrera de Zanón que desde hace cuatro
años controla la fábrica ceramista.
Es que la La Renga más allá de sacudir con su acostumbrado
y clásico Rock and Roll, fue uno más que se sumo a está
lucha obrera, para desplegar ante unas 5 mil personas una verdadera fiesta
que hizo al gente en todo sentido.
Desde las 19 horas la procesión de gente y vehículos, más
colectivos fue colapsando la ruta 7, que de alguna manera anunciaba lo
que se venía.
Prolijamente, sin desmanes algunos, el público joven y hasta familias
que se fueron acercando hora antes del show- no tardó en
trasformar una enorme fila (como si se tratará de soldados listos
para cumplir la misión), para acceder sin inconvenientes al amplio
y cómodo predio.
Es que si hay algo para resaltar, rescatar y subrayar fue la conciencia,
cordura, respeto mutuo y colaboración que tuvo la masa de gente,
teniendo en cuenta que el operativo de seguridad estuvo a cargo de los
obreros de la ahora llamada FASINPAT (Fábrica sin patrones).
Con banderas colgadas sobre el lateral derecho del escenario provenientes
de Centenario, Cinco Saltos, Fernández Oro, más una bandera
nacional que flameaba en el mástil ubicado dentro del predio, la
asistencia tuvo tiempo para apreciar las bandas locales: Ruído
Explícito y Nocivo que cumplieron con la expectativa.
Con algún «Chori» de por medio hubo varios que
aprovecharon antes y después del inicio del recital para comerse
uno para engañar al estómago- esperando el plato fuerte
de la noche. Apenas pasadas las 22, La Renga salió a escena para
encender la fiesta.
Si bien aún ingresaba gente apenas iniciado el show nada manchó
el espectáculo, porque en grupos se sumaba al huracán humano
que fue el centro del predio.
Con las misma entrega de siempre y hasta casi con cierta emoción
y agradeciendo en cada momento, Chizo (voz y guitarra); Tete (bajo) y
Tanque Inglésias (batería), más Chiflo y Manú,
en vientos se pasearon por un repertorio que se mantuvo siempre arriba
salvo con la clásica y acostumbrada balda del «La balada
del diablo y la muerte», dónde la gente hace su intro a capella.
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