La Renga volvió a tocar en la Capital

Un show para no olvidar (a nadie)

 

La banda de Mataderos llenó Vélez, con un recital que repasó su carrera. Una excusa, tal vez, para rendirle un homenaje a Pappo y recordar a las víctimas de Cromañón.

 

Un encuentro con aura de homenaje, tensionado en las ausencias post Cromañon y en la figura de Norberto Pappo Napolitano. La reminiscencia a los que dejaron la terrenal liturgia del rock fue explícita desde el folleto que se repartía en la entrada de la cancha de Vélez, que La Renga colmó el fin de semana. Un dibujo blanco y negro de zapatillas colgadas en los cables con la frase sólo ruge la bestia de tu submundo... y, en el reverso, la letra del tema nuevo de la banda de Mataderos, Viva Pappo, que tocaron dos veces a lo largo del show. En el día de la Independencia, La Renga volvió a la Capital y convocó a más de treinta mil personas el sábado, y una cantidad similar, se esperaba, anoche. Dos horas y media de recital, nulo del cotillón pirotécnico para una crudeza de riffs que respiró, en el José Almafitani, la memoria de lo que ya no están.

La previa fue una seguidilla de teloneros que comenzaron a desfilar por el escenario —inspirado en la fachada de la Casa de Tucumán— alrededor de las dos de la tarde. El sábado tocaron La Chingada, Los Kahunas, Fisura2, Q'acelga, Humbucker y Santuca. En la página web del grupo (www.larenga.com), el cronograma de bandas anunciaba su émulo del pergamino del 9 de julio: continuamos la búsqueda de un acuerdo donde todos se encuentren presentes y representados, así será posible entonces para nosotros la verdadera independencia. Entonces, puertas que se abrieron temprano y medidas de seguridad que no permitían el ingreso de banderas más grandes de un metro por un metro ni de bengalas. Todo bajo un estricto control.

Apenas pasadas las siete, las dos pantallas gigantes proyectaron una animación que dio pie a Detonador de sueños, tema homónimo de su sexto y último disco de estudio editado hace dos años, con que tronó la primera noche de Vélez. Pese a ser, en su momento, una de las más pirotecnicas del rock nacional cuando Gustavo "Chizzo" Napoli (guitarra y voz), Gabriel "Tete" Iglesias (bajo) y Tanque (batería) comenzaron el recorrido por los treinta temas que harían a lo largo de la primera noche, sólo flotaron en el aire algunos globos celestes y blancos. Siguieron con Las cosas que hace y A tu lado, donde "Chizzo" agradeció porque "no prendieron ninguna bengala ni ningún cohete". Luego, en medio de una lluvia de calzados y con algunos problemas de sonido en su guitarra, el frontman de La Renga pidió que no tiren más zapatillas al escenario. Mientras, Tete, con su clásico enterito que a esta altura da lo mismo que sea look o cábala para los shows en vivo, rebotaba espasmódicamente, bajo en mano, por todo el escenario: boca arriba en el suelo, entre la gente aglomerada contra las vallas. Luces cobalto, verdes y rojas aclimataron el escenario. En el clímax del barroquismo mitológico de la banda de Mataderos, que en River el año pasado incluyó los Minocabras del arte del disco, una serpiente inflable, con poco espacio para su despliegue, surgía comprimida y con cierta dificultad, a un costado del escenario. En Ser yo, subió Eli, uno de los integrantes de Gardelitos. Le dedicó el tema a su padre, Eduardo "Korneta" Suárez, integrante y creador de la banda del Bajo Flores, que falleció en diciembre del año pasado.

En bises, "Chizzo" Napoli cambió su Gibson por una guitarra que le regaló el padre de una de las víctimas de Cromañon. Contó brevemente lo la historia del instrumento y arrancó Panic Show. : ¡Hola a todos! yo soy el león, /rugió la bestia en medio de la avenida,/ todos corrieron, sin entender,/ panic show a plena luz del día./ Por favor no huyan de mí/ soy el rey y te destrozaré,/ todos los cómplices son de mi apetito. /. En el cierre, volvieron a tocar Viva Pappo con Luciano Napolitano. Así terminaba una noche donde cada tema se coreaba de memoria y no no hubo grandes novedades. Sólo una reunión cerca del barrio donde nació la banda y el recuerdo, sin golpes bajos, de lo imprescindible.